7 de cada 10 niños conviven con un fumador, lo que los convierte en fumadores pasivos.
Los niños
son muy sensibles a los efectos del tabaquismo pasivo, pulmomes más pequeños y
mecanismos de defensa menos desarrollados los hace más vulnerables. Su mayor
frecuencia respiratoria hace que aspiren una mayor cantidad de tóxicos en la
misma cantidad de tiempo que un adulto.
